La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo y el movimiento hoy

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La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo y el movimiento hoy


Image design: Megan Lemons
Image design: Megan Lemons

Es imprescindible para los marxistas—y para cualquier persona de la izquierda—comprender firmemente las lecciones de “La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo” de Lenin y su relación con nuestra tarea de desarrollar partidos, de hacer trabajo en masa y de avanzar la lucha por la justicia social y económica en general. En este artículo, hablaré sobre la relevancia de esta obra en nuestros tiempos.

El trabajo de un revolucionario es ayudar a llevar a cabo una revolución. Para hacer esto, necesitamos formar más revolucionarios. Nuestro partido se formó sobre la base de que las condiciones objetivas están lo suficientemente maduras como para que se de un resurgimiento del socialismo. Pero solo los socialistas pueden desarrollar el socialismo; no surgirá espontáneamente. Y el socialismo solo se puede alcanzar tras un triunfo revolucionario que logre derrocar al orden social actual.

En este momento, nuestros compañeros están aprendiendo y realizando trabajo organizativo en todo el país para desarrollar organizaciones masivas, fortalecer la línea ideológica del partido, consolidar los logros de nuestro partido y desarrollar un movimiento revolucionario que sea fundamentalmente antiimperialista y antirracista. En términos más generales, las masas están en movimiento en todas partes. El capitalismo está entrando en la etapa anterior a la crisis, pero el movimiento objetivo del capital y sus procesos internos están fuera de nuestro control. Lo que sí podemos controlar son las fuerzas subjetivas de la revolución: cuán organizados, disciplinados, ideológicamente armados y conectados estamos con las masas de la gente trabajadora y oprimida.

El camino hacia la revolución es uno de varios obstáculos: ¡no debemos ser uno de ellos!

Como hemos visto desde la revolución egipcia hasta Occupy Wall Street, si nosotros, las fuerzas revolucionarias de la sociedad—que tenemos una visión y un programa para la transformación de la sociedad—somos débiles o incapaces de influir fuertemente, si no lideramos a las masas, entonces simplemente se dará una reconstitución del mismo orden social burgués con cambios menores en el mejor de los casos.

Para que el partido se convierta en una fuerza que sea capaz de proporcionar un liderazgo sostenido para apoyar las luchas de las masas trabajadoras y oprimidas, es importante que asimilemos las lecciones de los movimientos revolucionarios que no solo desafiaron al capitalismo, sino que realmente se propusieron a desarrollar una alternativa: el socialismo.

Como no somos académicos, ninguno de nosotros intenta librar una “guerra con palabras” y ocultar la evidente necesidad de una transformación social fundamental. Es esta necesidad del socialismo la que impulsa todo lo que hace el partido. Queremos ser un vehículo para la revolución, un cuerpo capaz de mantener unidas las diversas luchas de las masas y asestar golpes fatales contra el capitalismo.

En “El izquierdismo en el comunismo,” Lenin señala que “Rusia alcanzó el marxismo, la única teoría revolucionaria correcta, prácticamente mediante el sufrimiento, tras medio siglo de tormentos y sacrificios sin precedentes, heroísmo revolucionario sin precedentes, una energía increíble, una búsqueda dedicada, estudio y prueba en la práctica, decepción, verificación y comparación con la experiencia europea.”

No podemos asegurar de antemano que lograremos superar todos los obstáculos que enfrentará nuestra clase. Ni siquiera podemos predecir a qué obstáculos nos enfrentaremos. Pero lo que sí podemos hacer es prepararnos absorbiendo las lecciones no solo de Rusia sino de la lucha de clases internacional: desde Egipto hasta Francia, desde Venezuela hasta Nepal y desde Grecia hasta Turquía. Debemos aprender del sufrimiento, los sacrificios y las victorias de nuestros compañeros en lucha en todo el mundo, ya que todos estamos unidos por nuestra opresión común dentro del imperialismo. Si nos negamos a aprender, a asimilarnos y a ser humildes, ciertamente nos convertiremos en obstáculos para nosotros mismos y para la meta de desarrollar un movimiento revolucionario.

A marchar con las masas, ¡ni delante ni detrás!

El líder revolucionario chino Mao Zedong describe dos puntos de vista sobre revolucionarios según su pensamiento son “derechistas” o “izquierdistas:”

“Aquellos con una forma derechista de pensar no distinguen entre nosotros y el enemigo y confunden al enemigo con nuestra propia gente. Consideran como amigos a aquellos a los que las grandes masas consideran enemigos. Los que tienen una forma de pensar “de izquierda“ magnifican las contradicciones entre nosotros y el enemigo al punto de confundir ciertas contradicciones dentro de nuestra clase por contradicciones con el enemigo y tachan de contrarrevolucionarios a personas que en realidad no son contrarrevolucionarios.” (Citas del presidente Mao-Zedong, p. 49)

Hoy en día existen varias tendencias que surgen dentro del amplio movimiento de izquierda y el movimiento progresista. Se están dando nuevas formas de derechismo e izquierdismo, y aunque debemos reflexionar sobre los movimientos comunistas del pasado, esto no puede tomar el lugar de un análisis concreto de las condiciones del momento.

Observamos que algunas tendencias tienden a no ver ninguna contradicción entre el desarrollo del poder de la clase trabajadora y la colaboración con los demócratas. En muchas ocasiones esto se ve en el transcurso de nuestro trabajo dentro de las coaliciones en las que participamos y en la organización de masas en donde nos topamos con individuos y organizaciones que no pueden distinguir a un amigo de un enemigo o a un oportunista de una persona confundida que este intentando entender de política.

A la vez, nos encontramos con aquellos que son de orientación “izquierdista.” Se hacen de enemigos entre amigos y oscurecen las contradicciones entre la gente al magnificar nuestras diferencias al punto de que no solo nos peleamos como perros y gatos, sino que nuestro movimiento se auto-circunscribe sin necesidad. Estos “izquierdistas” marchan muy adelante del pueblo y magnifican las contradicciones secundarias y leves al punto de creer que una revolucion no le pertenecen a las masas—mientras estas van saliendo del capitalismo—sino que las hacen los más fervientes de los comunistas y socialistas.

Este es un error grave, y afortunadamente nuestro partido tiene la sabiduría de décadas de experiencia en la lucha para poder educar a nuevos compañeros y navegar estas situaciones correctamente. Debemos recordar las palabras de Lenin sobre esta tema:

“Uno de los más graves y peligrosos errores de los comunistas (como de todos los revolucionarios que hayan coronado con éxito la etapa inicial de una gran revolución) es el de imaginarse que la revolución puede llevarse a cabo por los revolucionarios solos. Por el contrario, para el éxito de todo trabajo revolucionario serio, es necesario comprender y saber aplicar en la práctica el concepto de que los revolucionarios sólo son capaces de desempeñar el papel de vanguardia de la clase verdaderamente vital y verdaderamente de vanguardia.” (Sobre el significado del materialismo militante)

La revolucionaria negra Assata Shakur afirma lo siguiente:

“… sin el apoyo de la gente, no puede haber ningún movimiento por la liberación, por muy correcto que sea su análisis de la situación. Es por eso que el trabajo político y la organización son tan importantes. A menos que estén abordando los problemas que preocupan a las masas y aportando contribuciones en una dirección positiva, nunca será apoyado. Lo primero que intenta hacer el enemigo es aislar a los revolucionarios de las masas, convirtiéndonos en monstruos horribles y feos para que nuestra gente nos odie.” (Assata: autobiografía, p. 181)

Estas dos citas son muy significativas para nosotros en la etapa en que nos encontramos ahora. En un momento en que el socialismo se está popularizando, en que las crisis están por estallar y que la posibilidad de una lucha de masas sigue siendo incierta, y dada la oposición reaccionaria y liberal al Trumpismo, no podemos darnos el lujo de aislarnos de las masas.

Esto es especialmente cierto a medida que aumenta el interés por el socialismo. No importa cuán “correctos” sean nuestros análisis: si no logramos traducirlos a una política concreta, políticas que no solo “satisfagan a las personas donde están,” lo cual a menudo se utiliza como una excusa para mantener a las personas donde están, sino que aumenten la conciencia de las masas, entonces no tendremos éxito en nuestro objetivo de desarrollar un movimiento revolucionario.

Sobre las formas y la necesidad revolucionaria

Entonces, ¿qué significa para nosotros que el socialismo sea cada vez más popular? ¿Simplemente declarar en voz alta que somos socialistas? Bueno, sí, pero esto no es todo, ni siquiera es lo principal para nosotros.

Aún más importante es que demostremos lo que distingue a nuestro partido. Nuestro partido es un partido de vanguardia. “Vanguardia” simplemente significa liderar y el partido no puede declararse a sí mismo como la vanguardia, esa es la tarea de las masas y de la historia. Como lo expresan las Panteras Negras, la vanguardia es simplemente la punta de la lanza, y el resto de la lanza, el manto o el trasero es lo que verdaderamente causa daño. La capacidad de nuestro movimiento para asestar golpes al imperialismo depende tanto de la agudeza de la vanguardia como de la determinación de las masas. Si las masas están dispuestas y nuestros lazos con ellas son profundos y amplios, entonces la lanza no solo perforará a nuestros enemigos, sino que asestará un golpe fatal.

Huey P. Newton, cofundador del Partido de las Panteras Negras, dijo lo siguiente sobre las manifestaciones de la ultra-izquierda después de que el antiguo pantera Eldridge Cleaver desertara el partido:

“En su búsqueda por la libertad y en sus intentos por evitar que el opresor los despoje de todo aquello de lo que necesitan para existir, la gente ve que las cosas se mueven de la A a la B a la C; no ven que las cosas se muevan de la A a la Z. En otras palabras, primero tienen que sentir algunas ganancias básicas para darse cuenta de que es posible alcanzar un gran éxito. A menudo es el revolucionario quien tendrá que guiarlos hacia dicha comprensión, pero nunca podrá llevarlos de la A a la Z en un solo salto porque sería demasiado. Por lo tanto, cuando el revolucionario empieza a caer en la Z, o en conclusiones, la gente se deja de identificar con él.” (The Huey P. Newton Reader, p. 203).

La teoría revolucionaria y la “parálisis del análisis”

Muchas veces en nuestro movimiento vemos lo que Martin Luther King Jr. llamó la “parálisis del análisis” en la que los activistas y los revolucionarios están tan atrapados analizando el fenómeno que olvidan la esencia del marxismo: el acto de cambiar el mundo, no solo de comprenderlo.

Dentro del trabajo que hacemos, debemos tener un enfoque basado en las masas. No podemos partir de lo que deseamos subjetivamente, sino de un análisis concreto de las condiciones. Muchos “izquierdistas” cometen este error de subjetivismo, de sustituir su deseo personal por lo que es necesario para un conjunto particular de condiciones. Lenin habló de este fenómeno en particular

“…sin un estado de espíritu revolucionario de las masas, sin condiciones favorables para el desarrollo de dicho estado de espíritu, la táctica revolucionaria no se trocará en acción; pero a nosotros, en Rusia, una larga, dura y sangrienta experiencia nos ha convencido de que con el sentimiento revolucionario solo, es imposible crear una táctica revolucionaria. La táctica debe ser elaborada teniendo en cuenta, serenamente, y de un modo estrictamente objetivo, todas las fuerzas de clase del Estado de que se trate (y de los Estados que le rodean y de todos los Estados en escala mundial), así como la experiencia de los movimientos revolucionarios. Manifestar el “espíritu revolucionario” sólo con injurias al oportunismo parlamentario, únicamente condenando la participación en los parlamentos, resulta facilísimo; pero precisamente porque es facilísimo no es la solución de un problema difícil, de un problema dificilísimo.” (“La enfermedad del “izquierdismo” en el comunismo”)

No existe suficiente fraseología revolucionaria y ondear de banderas que por si solos puedan lograr una revolución. Tenemos que fusionar la teoría con práctica y hacer que nuestra política se identifique con la gente. Nuestros compañeros son activistas y organizadores. Están en las calles con la gente, luchando en organizaciones populares para lograr las demandas que piden las masas (tanto en cuanto a la vivienda y al aburguesamiento, como en las reformas penitenciarias, en los salarios y las batallas sindicales y en la lucha contra el terror policiaco). Nuestra campaña, durante este tiempo de una política muy polarizada, busca ser un ancla para todos aquellos que estén descontentos con el sistema, para atraerlos a la política socialista. Tenemos un programa político que plantea demandas en cuanto a reparaciones para los afroamericanos, hawaianos y otras naciones oprimidas, el desmantelamiento del estado imperialista de los EE. UU. y la lucha contra la opresión de las mujeres y las personas LGBTQ.

“Para saber ayudar a la “masa”, para adquirir su simpatía, su adhesión y su apoyo, no hay que temer las dificultades, las zancadillas, los insultos, los ataques, las persecuciones de los “jefes” (que, siendo oportunistas y socialchovinistas, están en la mayor parte de los casos en relación directa o indirecta con la burguesía y la policía) y trabajar sin falta allí donde estén las masas. Hay que saber hacer toda clase de sacrificios, vencer los mayores obstáculos para entregarse a una propaganda y agitación sistemática, tenaz, perseverante, paciente, precisamente en las instituciones, sociedades, sindicatos, por reaccionarios que sean, donde se halle la masa proletaria o semiproletaria.” (“La enfermedad del “izquierdismo” en el comunismo”)

Una de las maneras que tenemos de promover nuestro programa al pueblo es mediante la participación en las elecciones. Hemos sido criticados por los izquierdistas del internet quienes plantearon la idea de que las elecciones burguesas no tienen sentido, que simplemente deberíamos “boicotearlas” y exigir la “revolución ahora.” Consideran que las elecciones son una farsa de la democracia y tendemos a estar de acuerdo. Pero nuestro punto de demarcación está en el espíritu de las tácticas leninistas delineadas en “Comunismo de Izquierda.” Lenin criticó a los “izquierdistas” quienes se negaban a trabajar en los sindicatos reaccionarios. Hoy, en un tiempo en el que la mayoría de los sindicatos que quedan no son principalmente sindicatos de lucha de clases, ¿deberíamos rehusarnos a trabajar en ellos? En las diversas coaliciones y organizaciones de masas que existen y las que aún no se han formado o que se están formando actualmente, ¿deberíamos rehusarnos a trabajar en ellas porque no todos son “suficientemente comunistas”? Sin duda, no seríamos más que charlatanes del más alto nivel si nos negáramos a hacer este trabajo difícil y necesario. De hecho, estaríamos entregando a los trabajadores a los brazos de los socialchovinistas, de los oportunistas y de las fuerzas de derecha que existen en esas formaciones.

El sufragio universal en el marco del estado burgués “no puede y nunca será” más que un “indicador de la madurez de la clase trabajadora,” afirma Engels. Todavía nos queda por verdaderamente dominar esta táctica, sin embargo, ya estamos viendo los resultados. Nuestra campaña ganó casi 75,000 votos, más que cualquier otro boleto socialista desde 1976, y logramos el segundo mayor número de votos que cualquier candidato presidencial de California por la Paz y la Libertad jamás ha recibido.

Hablando de la campaña, la compañera Gloria dijo: “Conocimos a miles de personas que respondieron de manera positiva a nuestra plataforma y a nuestra campaña. Es muy inspirador ver la creciente popularidad del socialismo y de sus principios, entre ellos el derecho a la vivienda, a la educación, a la salud y derechos plenos para los inmigrantes y para todas las personas, y el rechazo a la guerra, al racismo, a la misoginia, al encarcelamiento masivo y a la brutalidad policiaca.” Nuestros candidatos hicieron campaña en todo el país y recibieron cobertura de diversos medios de comunicación, lo cual ayudó a difundir el mensaje del socialismo.

Mientras que las campañas financiadas por las corporaciones cerraron sus oficinas el día después de las elecciones, Gloria y sus organizadores de campaña encabezaron marchas masivas en protesta de la elevación de Donald Trump, un personaje racista, misógino y xenófobo  al cargo de presidente. Y tras las elecciones del 2016, no hemos dejado de organizar y movilizar. De hecho, a través de la campaña, la cual ha servido como una táctica de difusión masiva, logramos conocer gente nueva, convencerla de la necesidad del socialismo y consolidarlos en el partido o en una organización masiva.

Si hubiésemos adoptado la estrategia de “boicotear las elecciones,” lo cual es algo que no descartamos, seríamos simplemente traficantes de frases revolucionarios al sustituir nuestro deseo subjetivo por las condiciones objetivas que apuntan a la creciente aprobación de las masas de la necesidad de un tercer partido.

Varias encuestas demuestran que la gente en los EE. UU., especialmente los jóvenes, “dicen que los partidos Republicano y Demócrata hacen un trabajo tan deficiente de representar al pueblo estadounidense que se necesita un tercer partido [NBC News].” Las elecciones del 2016 demostraron para todos que hay un número creciente de personas en este país que se consideran políticamente independientes de los dos partidos [Observador]. Además, el 46.9% de los votantes elegibles no votó en las elecciones de 2016 en absoluto, y esto sin contar los millones de inmigrantes indocumentados y aquellos a quienes el sistema de justicia penal les ha privado del derecho al voto. [Cosmopolita].
Entonces, ¿qué debemos hacer? ¿Sentarnos a esperar? ¿Levantar la consigna y las frases más comunistas ante las masas? ¿Exigir la revolución? ¿Sin las masas?

Los cuadros y la comunicación

No basta con simplemente ser miembro del PSL. Para desarrollar un cuerpo que verdaderamente viva y que respire y que pueda impulsar hacia adelante la lucha de una manera altamente concentrada, después de todas las protestas y acciones callejeras, necesitamos lo que son los cuadros. Los compañeros saben que tenemos directrices, una constitución y un programa. Estas existen para ayudar a los compañeros a ser disciplinados. Es más difícil ser disciplinado ahora más que nunca dado el individualismo desenfrenado, facilitado por el neoliberalismo y amplificado por las redes sociales.

Un ejemplo de esto es el simple comportamiento en línea. A veces, en lugar de tratar de explicar las cosas de manera profesional y clara a las personas, hacemos lo que a veces se denomina “hacerle un mate” a las personas. Se trata de cuando uno asume lo que es prácticamente una posición de la ultraizquierda. Consideramos que estamos “por encima” del tener que explicarle cosas a la gente en términos que puedan entender. Olvidamos que no se trata de lo que digamos, sino de quién más está mirando. Y, ¿quién más está mirando (aparte del estado)? ¡Más gente de la clase trabajadora! Nuestros amigos, compañeros de trabajo, otras personas en el movimiento. Si asumiéramos esta posición en la vida real, o “IRL” como se dice hoy en día, sin duda nos aislaríamos de las masas y el partido se volvería irrelevante. Nos verían como personas distantes y esnobs, no como los compañeros pacientes, disciplinados y pedagógicos que necesitamos.

Provenimos de la sociedad burguesa, con todos sus males, y tenemos inculcado el individualismo burgués. Vemos nuestra libertad individual como el punto final y el eje principal de lo que consideramos la libertad verdadera. El recibir una disciplina de una organización (¡la cual no es nuestro trabajo ni nuestro jefe!) y esperar que hagamos más por el partido, por nuestras organizaciones masivas y en última instancia, por la revolución venidera, a veces se interpone con nuestro ego. He pasado por eso, pero lo superé gracias a la ayuda de nuestros cuadros.

Nuestros cuadros deben ser ejemplos brillantes del autosacrificio y la dedicación. Nuestro compromiso por impulsar la lucha hacia la victoria debe ser el de un “revolucionario profesional,” que se mantenga firme cuando otros flaquean o huyan hacia la seguridad y la comodidad. Nuestro lema debe ser “para uno mismo nada, ¡para las masas todo!” A diferencia de los “izquierdistas” que olvidan que son parte de una organización y no una agrupación informal de individuos de ideas afines, los cuadros saben que una vanguardia revolucionaria solo es tan fuerte y tan sólida como sus miembros o cuadros, quienes deben estar enraizados entre las masas y en lucha.

Es fundamental que los cuadros sean buenos para expresarse y para conectar con otras personas oprimidas. Debemos ser los líderes naturales de las personas, ser a quienes la gente acude para solicitar una opinión. Si utilizamos y abusamos de nuestras redes sociales y nos proyectamos simplemente como individuos, no nos damos cuenta de que esto nos perjudica no solo a nosotros mismo, sino a nuestra organización. ¿De qué sirve tener un programa, directrices, una constitución, una candidatura, si simplemente seguimos actuando como si fuéramos una agrupación social o personas con una mentalidad similar?

El cuadro debe ser paciente, sensible y tolerante, y aún más importante, debe poder escuchar. Como maestro, veo la necesidad de la comunicación, la paciencia, la disciplina, la habilidad de escuchar, la colectividad, la ejecución, el repaso de los errores, el tener en cuenta a toda la clase y más para poder impulsar a un grupo de personas hacia adelante. Por lo general, este grupo es mi salón de clase de alrededor de 20 niños de 9-11 años, pero es la misma idea que aplica a nuestro partido.

Como maestro, mi obligación es enseñarle a todos mis alumnos, no solo a los más avanzados o a los más comprometidos. Tengo que escuchar a todos mis alumnos. Tengo que aprender de todos mis alumnos. Y como revolucionario igual.

A medida que aumentan las guerras de agresión, la cacería de brujas de Russiagate y que nacen los contornos de un nuevo movimiento socialista, debemos interiorizar que “uno no debe contar en términos de miles de personas, como el propagandista de un pequeño grupo que aún no le ha dado el liderazgo a las masas; en estas circunstancias, uno debe contar en términos de millones y decenas de millones.”

Debemos ser serios, cariñosos, disciplinados, atentos, valientes, accesibles, y la consideración más importante: debemos tener un enfoque basado en las masas. Si simplemente nos apegamos a las frases más revolucionarias, hablamos de revolución, sin tener en cuenta a las masas o al partido, seremos fanáticos de frases atrapados en la “parálisis del análisis,” aislados de las masas, sustituyendo la fantasía por la realidad.

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